Officials in Minnesota allege Bovino used language offensive to Jews on conference call
Top Border Patrol official Gregory Bovino allegedly used language offensive to Jewish federal officials on a recent call, sources said.
Top Border Patrol official Gregory Bovino allegedly used language offensive to Jewish federal officials on a recent call, sources said.
The two independent journalists face federal charges related to the interruption of a church service in Minnesota earlier this month. Lemon and Fort say they were there to cover a protest.
From the Bishop I would like to share with you some reflections on giving, as understood from the teachings and traditions of the Church. Within these diocesan initiatives and the liturgical season, there are two aspects of giving from the Old Testament and the life of Jesus that I would like to focus on: creation and sacrifice. They are interconnected and pivotal for true giving of ourselves. The first gift that God gave humanity was the breath of life, spoken of in Genesis. Our lives are among the greatest creations of God, as we are made in his image and likeness. Just so, we are called to breathe life into the world around us, especially in the lives of our neighbors. In caring for them with our talents and best efforts, we truly “gift” as God intends us to. I urge you to give by doing good at every opportunity. As St. John Bosco said, “Do not send to tomorrow the good you can do today.”And in creating, we are called to sacrifice first of the “good fruits” of our lives. Just as it is said in the Book of Proverbs, “Honor the LORD with your wealth, with first fruits of all your produce; Then will your barns be filled with plenty, with new wine your vats will overflow” (3: 9-10). Jesus displayed this most clearly on the wood of the cross. Charity is considered a “theological virtue,” a foundational pillar of God’s law and order among his creations. Christ teaches us that we must give radically of ourselves, even to those who call themselves our enemies. Despite our feelings, we are to bear each other to Jesus and do so for God’s honor alone, not ours. This month, I ask that you reflect on the life of one saint that you admire and consider how he or she created and sacrificed for the glory of God. I also ask that you review paragraphs 1822-29 of the Catechism of the Catholic Church to better understand our shared and universal faith. Please be assured of my prayers for you during this penitential season.“Let us show Christ honor, not with olive branches but with the splendor of merciful deeds to one another” (St. Andrew of Crete). In Christ’s love, Most Rev. Jacques Fabre-Jeune, CSBishop of Charleston.
Cuando pensamos en la Cuaresma, se nos pueden venir a la mente ideas de hambre, sacrificio e incluso sufrimiento. El desierto en las sagradas Escrituras es un lugar valioso de encuentro con el Señor: el pueblo de Israel lo atravesó para salir de la esclavitud y llegar a la tierra prometida. San Juan Bautista optó por una vida en él para disponerse a sí mismo y al pueblo de Dios para la venida del Mesías. Cristo pasó en él 40 días y 40 noches preparándose para su misión antes de comenzar su vida pública. En la aridez, la soledad y el silencio del desierto suceden grandes cosas, porque Dios quiere purificarnos para que disfrutemos de una vida nueva, plena y llena de significado. Es necesario que emprendamos nuestro propio recorrido por el desierto, dejando atrás el pecado y la esclavitud, para alcanzar nuestra liberación. La Iglesia nos propone tres ejercicios que progresan desde el amor al prójimo, pasando por el amor propio y culminando en el amor a Dios: la limosna, el ayuno y la oración. La Limosna es una manera concreta de amar a nuestro prójimo. El llamado a la generosidad es una invitación a ser solidarios con el cuerpo místico de Cristo, a practicar la caridad y a sensibilizarnos ante el dolor y la necesidad de nuestros hermanos. El hambre, la sed, la enfermedad, el frío -el sufrimiento de cualquier hermano o hermana- son nuestro problema. Cualquier persona que esté pasando necesidad se convierte en nuestro hermano cercano, y la limosna es la respuesta que podemos dar ante ese dolor. Esta generosidad nos permite ser Iglesia y dar testimonio de cómo nos amamos los unos a los otros. EL Ayuno nos sirve para liberar nuestro corazón. Hemos sido creados para adorar, glorificar, dar gracias y bendecir a Dios. Cuando Dios no ocupa ese lugar primordial en nuestro corazón, buscamos otra cosa que pueda reemplazarlo; es entonces cuando se crean los ídolos y los apegos malsanos. El ayuno es una manera de redescubrir los anhelos más profundos del corazón, porque cuando experimentamos el hambre corporal, empezamos a reconocer nuestra hambre espiritual. Nuestros apetitos carnales dejan de ser protagonistas y nuestras necesidades espirituales tienen la oportunidad de abrirnos los ojos del alma. El ayuno busca purificar el cuerpo para que podamos atender nuestras necesidades más profundas. Se convierte en un acto de amor propio porque nos limpia, nos libera y nos muestra el camino para satisfacer los anhelos profundos de nuestro corazón. Nuestro mayor anhelo siempre será estar con Dios. La Oración es la manera más pura de amar a Dios porque eleva el corazón -con nuestras pasiones, sentimientos y anhelos- y la mente hacia él. Nos enseña a estar atentos y buscar su presencia para entrar en comunión. En Cuaresma recibimos la invitación a arrepentirnos y darnos cuenta de qué debemos cambiar en nuestra vida. Una excelente manera de orar es observar y comprender nuestras faltas. Muchas personas perciben la confesión como un ritual de castigo y culpa, pero lo que realmente se nos ofrece es la liberación y la sanación de nuestras heridas más profundas, aquellas que intoxican nuestra relación con los demás, con nosotros mismos y con Dios. Estos tres ejercicios, lejos de ser una fuente de sufrimientos, son formas en las que podemos amar de manera más honesta y libre. Si los vivimos como un regalo del Espíritu Santo, podremos disfrutar de los beneficios que sólo encontramos por medio de ellos. Nuestra experiencia en el desierto espiritual nos permitirá vivir la transformación del corazón. Sólo así podremos estar listos para la resurrección que Dios tiene preparada para nosotros y experimentar el gozo que vivió Cristo al vencer a la muerte.