catholicismspirituality

¿Estamos listos para la Resurrección?

Cuando pensamos en la Cuaresma, se nos pueden venir a la mente ideas de hambre, sacrificio e incluso sufrimiento. El desierto en las sagradas Escrituras es un lugar valioso de encuentro con el Señor: el pueblo de Israel lo atravesó para salir de la esclavitud y llegar a la tierra prometida. San Juan Bautista optó por una vida en él para disponerse a sí mismo y al pueblo de Dios para la venida del Mesías. Cristo pasó en él 40 días y 40 noches preparándose para su misión antes de comenzar su vida pública. En la aridez, la soledad y el silencio del desierto suceden grandes cosas, porque Dios quiere purificarnos para que disfrutemos de una vida nueva, plena y llena de significado. Es necesario que emprendamos nuestro propio recorrido por el desierto, dejando atrás el pecado y la esclavitud, para alcanzar nuestra liberación. La Iglesia nos propone tres ejercicios que progresan desde el amor al prójimo, pasando por el amor propio y culminando en el amor a Dios: la limosna, el ayuno y la oración. La Limosna es una manera concreta de amar a nuestro prójimo. El llamado a la generosidad es una invitación a ser solidarios con el cuerpo místico de Cristo, a practicar la caridad y a sensibilizarnos ante el dolor y la necesidad de nuestros hermanos. El hambre, la sed, la enfermedad, el frío -el sufrimiento de cualquier hermano o hermana- son nuestro problema. Cualquier persona que esté pasando necesidad se convierte en nuestro hermano cercano, y la limosna es la respuesta que podemos dar ante ese dolor. Esta generosidad nos permite ser Iglesia y dar testimonio de cómo nos amamos los unos a los otros. EL Ayuno nos sirve para liberar nuestro corazón. Hemos sido creados para adorar, glorificar, dar gracias y bendecir a Dios. Cuando Dios no ocupa ese lugar primordial en nuestro corazón, buscamos otra cosa que pueda reemplazarlo; es entonces cuando se crean los ídolos y los apegos malsanos. El ayuno es una manera de redescubrir los anhelos más profundos del corazón, porque cuando experimentamos el hambre corporal, empezamos a reconocer nuestra hambre espiritual. Nuestros apetitos carnales dejan de ser protagonistas y nuestras necesidades espirituales tienen la oportunidad de abrirnos los ojos del alma. El ayuno busca purificar el cuerpo para que podamos atender nuestras necesidades más profundas. Se convierte en un acto de amor propio porque nos limpia, nos libera y nos muestra el camino para satisfacer los anhelos profundos de nuestro corazón. Nuestro mayor anhelo siempre será estar con Dios. La Oración es la manera más pura de amar a Dios porque eleva el corazón -con nuestras pasiones, sentimientos y anhelos- y la mente hacia él. Nos enseña a estar atentos y buscar su presencia para entrar en comunión. En Cuaresma recibimos la invitación a arrepentirnos y darnos cuenta de qué debemos cambiar en nuestra vida. Una excelente manera de orar es observar y comprender nuestras faltas. Muchas personas perciben la confesión como un ritual de castigo y culpa, pero lo que realmente se nos ofrece es la liberación y la sanación de nuestras heridas más profundas, aquellas que intoxican nuestra relación con los demás, con nosotros mismos y con Dios. Estos tres ejercicios, lejos de ser una fuente de sufrimientos, son formas en las que podemos amar de manera más honesta y libre. Si los vivimos como un regalo del Espíritu Santo, podremos disfrutar de los beneficios que sólo encontramos por medio de ellos. Nuestra experiencia en el desierto espiritual nos permitirá vivir la transformación del corazón. Sólo así podremos estar listos para la resurrección que Dios tiene preparada para nosotros y experimentar el gozo que vivió Cristo al vencer a la muerte.

abandoned placesnaturetravel

StarMoon Forest

Welcome to StarMoon Forest, which has been abandoned for a long time. After you come here to take over, you can join hands with the local residents to restore the former prosperity, take advantage of the fertile land here, which is located at the intersection of various towns, start planting crops, making delicious food, opening stores for sale, rebuilding apartment communities, building road traffic, restoring convenient exchanges between nearby towns, and allowing residents from all over the world to buy goods and rent apartments here. Build your dream farm, make use of vast land, cultivate all kinds of crops, arrange crop machines reasonably, make all kinds of delicious food and sell it, so that residents of towns and cities can come here to buy necessary food. Rebuild hotel buildings, build bridges and transportation, so that more urban residents can travel conveniently and rent hotel to live in. Meet residents from all over the world, communicate with them, explore their stories, and establish friendship.

artreligion

Praying any way we can

Family Matters St. Paul’s admonition that we ought to “pray always” (1 Thes 5: 17) might also be translated as practical advice that we pray any way we can. Aside from that, we can fall back on our favorite devotions and perhaps increase them: rosaries, novenas, the Divine Mercy Chaplet and so on. There are times when various arts and crafts, too, can prove to be fruitful ways of praying. The brother-in-law of one of the sisters in my Sts. Cyril and Methodius community carved crucifixes, images of saints and religious symbols all gifted to individuals and to at least one basilica. Carving was, he said, his way of praying as he retired from business and cared for his blind wife. A religious education director I worked with in Michigan turned to visual art when she found that her regular prayer routines were leaving her cold. She drew and painted landscapes in praise of God the Creator and then began creating charcoal and pastel images of biblical figures and saints. Works depicting Abraham and Anna the prophetess are among works she has bestowed on a Catholic assisted living facility. And then there are the quilters and knitters. Some few quilters have told me that they pray with and over every square in their quilts. Prayer shawls are created by groups who share them with those confined to nursing and rehabilitation facilities. Cross-stitch, bead work, calligraphy, sculpting and even LEGO constructions can lend themselves to memorabilia that lift minds and hearts to God. Instrumental music, singing and interpretative dance have also been counted among art forms that can become acts of praise and thanks, contrition and supplication. Not surprisingly, praying on paper has been a favored form of mine. I have spent no little amount of time on academic writing and, for the past 10 years, writing regular newspaper and magazine columns. It’s not that those are not prayerful, but I find that I am most tuned in, baring my soul to the Lord, when I journal or write poetry. I don’t make journal entries or compose poems on my laptop. I handwrite or sometimes print them mainly because my legibility, even to myself, seems to have decreased as I am becoming more vintage than youthful. It has been gratifying for me to delve into the works of some of the women mystics of the Middle Ages: St. Mechthild of Magdeburg, St. Hildegard of Bingen (artist, musician, writer and doctor of the Church) and St. Julian of Norwich. All have left essays, prose meditations and poems that display their prayerfulness. So many saints from the Eastern and Western Church have left us liturgical and devotional prayers. The super-prolific St. Thomas Aquinas, noted for his reasoned theological tomes, comes through strongly as a man of poetry. Come Holy Thursday, we will be praying his great Pange lingua. As we are often reminded, including by our own bishop, genuine faith is a matter of the heart. The work of our hands, our movement and our breath can also be, this Lent and at any other time, acts of faith.

Sitemap Index